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Descubrir el placer de expresarse, de manifestarse libremente, como lo hace el joven artista Cruz de Miguel con sus pinceles, es un ejercicio de grata sorpresa para nuestros sentidos y nuestro espíritu. En sus obras aflora una luz ambiental que lo envuelve todo, incluso al espectador. Tiene la soltura en el trazo de un arquitecto cuando dibuja su proyecto, pero a esto añade una briosa y espontánea pincelada. Aporta luego unos colores equilibrados, iluminados pero sin llegar al “fogonazo de luz” propio de los impresionistas, y al fin nos encontramos con unas obras que de inmediato nos transportan a otro mundo.